sábado, 19 de mayo de 2012

A La Pontificia Universidad Gregoriana de Roma enseña a hablar de Dios a partir de obras de arte

Algunas veces me han preguntado por qué estudié Historia del Arte. La respuesta es clara: siendo estudiante en el Colegio Santa María del Pilar (Marianistas) de Zaragoza, en mi ciudad natal, tuve la inmensa suerte de tener dos profesores estupendos que me contagiaron su entusiasmo por el Arte. Estos profesores se llaman Máximo Pedrosa SM y Carlos Bustillo.
Máximo Pedrosa SM, religioso marianista, fue mi profesor en 1º Bachillerato. En aquellos años, recién inciada la década de los 80, sólo había diapositivas y postales. Y él usaba de ambas con tal entusiasmo y dedicación, que me contagió y me transmitió esa pasión. Recuerdo sus carteleras llenas de postales. Las acompañaba de letreros escritos a mano, con esa letra suya tan bonita y característica. Y con tan pocos medios, era capaz de hacer semejantes maravillas. 
El segundo, Carlos Bustillo, fue mi profesor de Historia del Arte en COU, el Curso de Orientación Universitaria, el curso que estudiábamos a finales del Bachillerato antes de entrar en la Universidad. Cuatro años después de Máximo Pedrosa SM, las clases de Carlos Bustillo eran lo mismo pero ampliado. Es decir, mucho más entusiasmo, muchas más diapositivas, mucha más locura por el Arte.
¿Os imagináis ahora por qué estudié Historia del Arte?

Luego, en mis años de Universidad, en Valencia, tuve todo tipo de profesores. Recuerdo a dos en particular que también me marcaron especialmente: Daniel Benito y Santiago Sebastián. Del primero, Daniel Benito, aprendí a no tener vergüenza de confesarme cristiano al comentar una obra de arte. Aprendí también que tengo que conocer profundamente nuestra fe, para dar testimonio de ella al contemplar un cuadro. Que necesito conocer la Biblia, la Teología, la Mariología... que necesito vivir la fe si de verdad quiero conocer una obra de arte y ayudar a otros a entenderla.
Del segundo, Santiago Sebastián, aprendí el entusiasmo en la edad madura. Don Santiago estaba a punto de jubilarse cuando nos dio clase. Murió poco tiempo después. Sin embargo era el claro ejemplo de un estudio y trabajo serio, de un comentario de una obra de arte de manera sencilla pero profunda, de una fe conocida, querida y amada. Daniel Benito, con otro estilo, tenía muchos puntos en contacto con él.

Después, a lo largo de los años, he recibido el estupendo regalo de vivir con Emilio Cárdenas SM. En él he encontrado apoyo a mis estudios post-universitarios, erudición hecha lenguaje sencillo, sensibilidad cercana a los oyentes... y entusiasmo por encima de todo. Tengo la suerte de vivir con él desde hace trece años y todavía cada día, me sigue sorprendiendo.

Como cristiano y como creyente creo que el arte tiene un valor muy grande. El arte sirve como vehículo para transmitir las verdades y los contenidos de la fe. El arte es la manifestación visual de la vida y el mensaje de Jesús de Nazaret, de la Virgen, de los santos y de tantos creyentes y tantos creyentes que, a lo largo de los siglos, han vivido lo mismo que nosotros. Mirar las obras de arte con ojos de creyente, ayuda a comprender más y mejor la propia fe. La fe y la cultura se dan la mano, caminan juntas, se complementan y ayudan mutuamente. 

Este vídeo que te ofrezco habla un poco de todo ello. La Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, convencida de ello, ayuda y orienta a sus estudiantes en este camino. 

Mirar las obras de arte con ojos de creyente, es una invitación a un encuentro con las personas ahí representadas. Del encuentro puede brotar una llamada a un mejor conocimiento de aquellos representados y que constituyen el punto central de nuestra fe. Del encuentro puede brotar la oración, hecha presencia viva en las personas de la obra de arte. 

Te animo a mirar el arte con tus propios ojos abiertos, con tu corazón despierto.  


jueves, 17 de mayo de 2012

HV La Reconquista

En el año 711 los musulmanes invadieron la Península Ibérica. La conquista fue tan rápida y tan bien organizada que, en pocos años, los musulmanes controlaban ya la mayor parte del territorio. Sólo se resistieron algunos territorios en el Norte, territorios de difícil acceso, protegidos por las montañas y por el mar. En estos territorios del Norte fue donde se refugiaron muchos nobles y obispos, muchos visigodos que escapaban de esta manera de la invasión árabe que estaba teniendo lugar en el resto de la Península Ibérica.

Los nobles que se refugiaron en el Norte, rápidamente establecieron alianzas con los pueblos que allí vivían: cántabros, astures y vascones entre otros. Desde allí, los visigodos cristianos iniciaron una serie de ataques contra los musulmanes. El fin de estos ataques era reconquistar las tierras que los musulmanes les acababan de conquistar o arrebatar. Estos ataques al principio parecieron pequeños y sin importancia. Uno de ellos es la conocida batalla de Covadonga, ocurrida en el año 722. 

No sabemos exactamente lo que ocurrió en Covadonga. Las crónicas cristianas y musulmanas no hablan el mismo lenguaje ni nos proporcionan la misma información sobre la batalla. Lo que para los musulmanes fue una pequeña escaramuza, para los cristianos fue algo importante. En todo caso lo que sí que sabemos es que los cristianos poco a poco empezaron a tener conciencia de estar reconquistando las tierras recientemente ocupadas por los musulmanes. Es la Reconquista.

El proceso histórico que ocurrió en la Península Ibérica entre el 711 y el 1492, por el cual los cristianos fueron reconquistando las tierras que los musulmanes les habían arrebatado, es lo que llamamos Reconquista. En este vídeo que te ofrezco puedes ver una pequeña introducción a todo ello. Quizás, después de mirarlo, comprendas un poco más la importancia de este momento clave en la Historia de España.

sábado, 28 de abril de 2012

HP El Tratado de los Pirineos (1659)

La Paz de Westfalia (1648) terminó para siempre con la hegemonía española en Europa. Fue, en realidad, el principio del fin del Imperio español. La Paz de Westfalia puso paz en Europa y entre aquellos países que habían luchado en la Guerra de los Treinta Años.

La isla de los Faisanes
(http://www.geolinguistica.org)
Sin embargo la lucha entre Francia y España aún había de durar diez años más, hasta 1659. En este año, ambos países firmaron el Tratado de los Pirineos (1659). Eran tan malas las relaciones entre los dos países, que hubieron de hacerlo en la isla de los Faisanes. Esta isla está en medio del río Bidasoa, pequeño río que separa España y Francia. Las anécdotas cuentan que, los representantes de cada país estaban sentados alrededor de la mesa, en la parte correspondiente a su país para no poner ni siquiera un pié en la parte del otro.


La Paz de los Pirineos (1659)
(http://www.dipity.com/ajblanco)
Sin duda alguna como se admite por ambos países, la consecuencia más importante de esta paz fue que, Cataluña, que se había rebelado en 1640 y había proclamado su  completa independencia y reconocido a Luis XIII como su rey, en la Paz de los Pirineos, decide su retorno a la monarquía hispánica. 

Otros acuerdos de esta Paz establecían que, además, el Rosellón y otros pequeños territorios en el sur de Francia quedaron en manos de este país ya  para siempre. Y por si fuera poco se acordó y decidió el matrimonio Infanta María Teresa, primogénita de Felipe IV con el Rey Luis XIV de Francia. 




lunes, 23 de abril de 2012

A Dos ejemplos de arquitectura hispanomusulmana

Los árabes llegaron a la Península Ibérica en el año 711. Desde esta fecha, hasta el año 1492 en el que se termina la conquista del Reino Nazarí de Granada, durante más de setecientos años, transmiten y enriquecen con su cultura y su civilización a las gentes de la Península Ibérica. Ya sabemos por historia cómo, de una posición dominante durante el momento de la conquista, poco a poco los cristianos van reconquistando sus tierras y los musulmanes van perdiéndolas.
Por encima de los avatares de la historia, no podemos negar las aportaciones y la herencia musulmana en la Península Ibérica. Estas aportaciones y herencias se muestran de manera privilegiada en el arte. Aquí te ofrezco dos ejemplos de este arte hispanomusulmán.


LA MEZQUITA DE CÓRDOBA (785-990)

En el año 785, ante el aumento de la población cordobesa, Abd al-Rahman I decide construir una nueva mezquita en el lugar ocupado por la iglesia de San Vicente. La primera mezquita experimentará, a lo largo de los años, nuevos añadidos y transformaciones hasta que en el año 990 Almanzor lleva a cabo la última ampliación.

La organización arquitectónica de las arquerías de la mezquita cordobesa quedaría fijada en el primer edificio, en el año 785, tomando posiblemente como ejemplo el acueducto de los Milagros de Mérida. La novedad introducida por el arquitecto cordobés consiste en la superposición de dos soportes: una columna abajo y un pilar arriba, y dobles arquerías, el arco inferior es de herradura y el arco superior es de medio punto. En los arcos destaca la bicromía (dos colores) al combinar piedra caliza de color blanco y el ladrillo de color rojo.

El mihrab conserva el tradicional arco de herradura, revestidas sus jambas por dos hermosísimas losas de mármol también con decoración de ataurique. 

En 1523 se iniciaron las obras del crucero de la Catedral, por mandato del obispo don Alonso Manrique. Hernán Ruiz será el encargado del proyecto, concluyéndose los trabajos a comienzos del siglo XVII. Los cristianos del siglo XVI, ¡gracias a Dios! no destruyeron semejante obra de arte que, de esta manera ha llegado hasta nuestros días.






LA ALHAMBRA DE GRANADA (SIGLO XIV)
La Alhambra, el "Castillo rojo" fue edificada en su mayor parte en el siglo XIV. Desde épocas anteriores existía en esta colina una zona militar con sus torres y murallas. 

La Alhambra tiene dos zonas claramente definidas: la zona oficial, donde recibía el sultán de Granada, se encuentra entorno al Patio de los Arrayanes. En este patio se encuentran en perfecta combinación arquitectura y naturaleza. Ambas provocaban la admiración de todos aquellos que acudían al palacio real. Los edificios eran las dependencias oficiales de La Alhambra. Allí se encuentran el Mexuar (lugar donde se impartía la justicia) y el Salón de Embajadores para recibir las visitas oficiales.
La segunda zona de La Alhambra es la zona privada donde vivía el sultán con su familia. Esta zona está entorno al Patio de los Leones. Alrededor de este patio hay varias salas que eran las dependencias privadas de la familia real. Aquí también encontramos varias salas que nos muestran la riqueza y el gusto musulmán. Podemos destacar la sala de Abencerrajes o la sala de las Dos Hermanas. Ambas son famosas por su decoración.

Alrededor de estas dos zonas, púbica y privada, existían una gran cantidad de jardines y edificios más pequeños. La naturaleza, las plantas y el agua, muy importantes en el arte hispanomusulmán, se combinan perfectamente con la arquitectura hasta lograr uno de los complejos artísticos más importantes y bellos de la historia de la  humanidad.

El recinto de La Alhambra se transformó mucho después de la conquista del Reino de Granada en 1492, ya desde la época de los Reyes Católicos y en especial durante el reinado de su sucesor, Carlos V.





domingo, 22 de abril de 2012

H La expulsión de los moriscos (1609)

ERA EL AÑO 1609...
En el año 1609 el Rey Felipe III firmó la paz con Francia, Inglaterra y las Provincias Unidas. Con estas últimas se acordó una tregua por doce años en 1609.

UNA DIFÍCIL RELACIÓN DE MÁS DE CIEN AÑOS
Sin conflictos exteriores, ese mismo año estalló un viejo problema interior: la integración de los moriscos. Los moriscos eran musulmanes que, en el año 1502, en época de los Reyes Católicos, se habían visto obligados a bautizarse y convertirse a la religión cristiana. 
Ya durante la época de Carlos V, debido a la ayuda prestada al Rey, éste había tenido una postura más suave con ellos y les había permitido conservar algunos de sus usos y costumbres. Sin embargo, durante el reinado de Felipe II fueron mucho menos tolerados. La política de Felipe II contra los piratas berberiscos en el Mediterráneo y la Batalla de Lepanto levantaron viejas heridas anteriores entre moriscos y cristianos.

EL DECRETO DE EXPULSIÓN Y SUS CONSECUENCIAS
En el año 1609, después de más de cien años (después de la Conquista de Granada) de relaciones difíciles, Felipe III firmó un decreto real que les obligaba a convertirse al cristia­nismo o marcharse. La causa argumentada para todo ello fue la supuesta colaboración de los moriscos con el rey de Francia para organizar una revuelta en España contra Felipe III.

A consecuencia del decreto de expulsión, cerca de 300 000 moriscos abandonaron la Península en 1609-1610. La expulsión redujo mucho la población y perjudicó la economía de Ara­gón, Valencia y Murcia en cuyos territorios los moriscos eran en su mayoría trabajadores agrícolas. La elección de la fecha no fue casualidad: se trataba de ocultar la afrenta exterior por la pérdida de las Provincias Unidas con una buena noticia interior: la expulsión de los moriscos. 

Te ofrezco dos vídeos para enriquecer este comentario y tu propia cultura. En este primer vídeo hablan varios expertos sobre el tema de los moriscos: palabras españolas que son herencia del lenguaje árabe y morisco, cuántos eran y como estaban divididos, los llamados libros plúmbeos y la literatura aljamiada. Todos estos aspectos pueden ayudarte a conocer un poco mejor a este pueblo, tan castigado pero al mismo tiempo tan importante en la historia de España.




Este segundo vídeo es un trailer de la película "Expulsados 1609. La tragedia de los moriscos". La película nos cuenta una pequeña historia novelada, cierta o no, pero en todo caso la película-historia ilustra, cómo pudieron ser los momentos de la expulsión. Como vídeo novelado, las anécdotas que cuenta no pueden ser tratadas como verdades históricas, aunque el fondo de lo que cuenta, la misma expulsión de los moriscos, fue algo absolutamente real.