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sábado, 23 de enero de 2016

P Fernando el Católico, 500 años después

Fernando el Católico
(http://redhistoria.com)
El 23 de enero de 1516 moría en Madrigalejo, Cáceres, el rey Fernando el Católico. Hoy hace 500 años. El rey Fernando ha sufrido una polarización que ha lastrado su imagen. Unos historiadores le han asimilado tanto a Isabel, su mujer, con la que se casó en 1469, que han reducido su significación a la condición de marido de la reina de Castilla, en el escenario del matrimonio feliz y armónico que tanto se ha idealizado y sublimado. 
El arquetípico tanto monta, monta tanto, en realidad, era incumplido por estos historiadores que ahogaban la figura de Fernando en el fondo bajo el aura dorada de su esposa, Isabel, la candidata a la santidad, la piadosa, discreta, esposa enamorada, madre amantísima. El, en cambio, Fernando ha sido visto por esta historiografía como el marido infiel, mirada torva, egoísta, avaro… Siempre segundón en el retrato comparativo que hicieron los cronistas de ambos. 
En el otro extremo ideológico, la historiografía nacionalista catalana lo ha fustigado sistemáticamente, como rey de la dinastía castellana de los Trastámara, absolutista, enfrentado a su hermanastro Carlos de Viana, el hijo mayor de Juan II de Aragón, convertido éste en mito romántico, por su muerte oscura y precoz. No importa que Vicens Vives ya en los años treinta del siglo XX, demostrara que esta imagen de Fernando era pura quimera. El arquetipo negativo del Rey Católico sigue vigente. 

Fernando e Isabel
(http://www.abc.es)
A la hora de juzgar al rey Fernando hay que precisar en primer lugar la dificultad de separar su reinado del de Isabel. Se casaron en 1469 y ella murió en 1504. Treinta y cinco años juntos. Una unión matrimonial que desde luego, no fue unidad nacional tal y como entendemos hoy el concepto de nación. Castilla y Aragón siguieron manteniendo plena jurisdicción sobre la Corona que representaba cada cónyuge. Una gran parte de la nobleza castellana, cuando murió Isabel, demostró tener más simpatía por Felipe el Hermoso, marido de Juana la Loca que por Fernando. Ello determinó en buena parte, la decisión de éste de casarse con Germana de Foix en 1505 y dar un giro a su vida, proyectándose más intensamente hacia Italia.
La rendición de Granada
de Francisco Pradilla)
(https://es.wikipedia.org)
A la hora de juzgar a Fernando e Isabel no podemos, por otra parte, entrar en el concurso de méritos en torno a los acontecimientos decisivos que ambos protagonizaron y que tienen en 1492 su referencia fundamental: la conquista de Granada, la expulsión de los judíos o el descubrimiento de América. En todos estos hitos históricos, ciertamente, Fernando tuvo un papel más trascendente de lo que tradicionalmente se ha dicho. En particular, respecto al apoyo fundamental para que Colón llevara adelante su proyecto, como estudió Manzano. Fernando tuvo una participación trascendente en la decisión fina a través de muchos funcionarios y asesores suyos que intervinieron en la aprobación final del viaje colombino. Fernando, por otra parte, se ufanó no pocas veces, de su participación decisiva en la gestación del descubrimiento. En 1508, dirigiéndose al capítulo general de la Orden de San Francisco reunido en Barcelona, hacía constar: "Haber sido yo la principal cabeza de que aquellas islas se hayan descubierto".

(http://heronstairsnews.blogspot.com)
Pero la figura de Fernando el Católico emerge, con un significado especial, al margen de Isabel, por su perfil de político, en toda la dimensión cóncava del término. Lo resaltó Maquiavelo que lo escogió su obra El príncipe (1513) y lo acabó ratificando Baltasar Gracián en El político (1640). Fernando el Católico ha pasado, en definitiva, a la historia, como el pionero de la razón de Estado. Como ha recorrido Ángel Sesma, Fernando fue, de hecho, el primer monarca hispano en eliminar de su firma el nombre y dejar su sello en un incuestionable: yo el rey. Un rey autosatisfecho, como superador de infinidad de trances. Su obsesión, en medio de una vida extraordinariamente agitada, en la que no le faltó hasta un atentado como el que sufrió por parte del payés de remensa Juan Canyamares el 7 de diciembre de 1492, fue el equilibrio, la conjunción de los extremos.

(http://www.general-ebooks.com)
El rey Fernando, aragonés nacido en Sos de Aragón, se movió siempre entre Castilla, Navarra y Cataluña, conjugando el absolutismo y el foralismo, con una increíble capacidad de adaptarse a todas las situaciones. Esa virtud ya la subrayó el cronista Pulgar, que escribió su retrato de Fernando: "la fabla igual ni presurosa ni mucho espaciosa. Muy templado en su comer y beber y en los movimientos de su persona porque ni la ira ni el placer facían en él alteración. Tenía la comunicación amigable. Home era de verdad, como quiera que las necesidades grandes en que le pusieron las guerras le facían algunas veces variar". 
Los valores individuales, la apelación a la fortuna (que él tiñó de providencialismo) y la invocación de la necesidad como justificación o aval legitimador, principios de Maquiavelo marcaron siempre el ejercicio político de Fernando. Su relativismo moral le hizo buscar la conciliación de intereses distintos y distantes.
En el marco de la revolución catalana de 1640 siglo y medio después de su muerte, un texto anónimo se refería a él nostálgicamente: «Quien mayor entendió esta razón finísima de Estado fue el católico rey Don Fernando que tenía como regla que siempre que la balanza de la satisfacción del rey y del Reino estuvieran iguales sería durable el rey y el Reino». 

Sepulcro de los Reyes Católicos
(Catedral de Granada)
(http://www.esicomos.org)
El sueño de todo buen rey, la satisfacción conjunta del rey y del Reino. La monarquía española después de la muerte de Fernando el Católico se proyectó hacia otros horizontes: salió, en buena parte, del Mediterráneo, soñó con imperios lejanos, olvidó el pragmatismo de Fernando. 

(Tomado de http://www.abc.es y modificado por José I. Iglesia Puig sm el día 23 de Enero de 2016)

domingo, 11 de octubre de 2015

H Cartas del Rey Fernando el Católico al Gran Capitán

LOS DOS PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA
El Rey Fernando el Católico
(https://commons.wikimedia.org)
El Gran Capitán
(https://commons.wikimedia.org)
Eran un Rey y su más leal vasallo, un gobernante inteligente y ambicioso y el más bravo e innovador de sus soldados (y además los dos eran primos). Por esta razón las cartas que cruzaron el Rey Fernando de Aragón y Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, son una de las más ricas fuentes históricas para entender la complejidad del tablero europeo a finales del XV y principios del XVI. 

Se trata de viejos folios llenos de secretos, instrucciones y hasta párrafos donde se asoman los sentimientos y desvelos del Monarca. De aquellas campañas se conocen cientos de misivas, pero ahora se han hallado 16 cartas inéditas, conservadas por los duques de Maqueda, que se mostrarán en la gran exposición que dedicará el Museo del Ejército a su noble antepasado y que fue inaugurada el 24 de septiembre de 2015 en Toledo. 

EL QUINTO CENTENARIO DEL GRAN CAPITÁN
El motivo de esta exposición es el quinto centenario de la muerte de Fernández de Córdoba, otra de las gigantescas figuras de la historia de España que nos hemos empeñado en olvidar durante décadas. 
Para el coronel Jesús Anson, comisario de la exposición que abre sus puertas al público en el Alcázar de Toledo el próximo viernes, se trata de unos documentos que son muy importantes: «Estaban en el archivo familiar de los duques de Maqueda, muy bien guardadas. Y hay un conjunto de casi cuarenta misivas inéditas, de las que dieciséis están relacionadas con el Gran Capitán». 

FIN DE LA GUERRA MEDIEVAL
Armas del Gran Capitán
(http://diegomallen.blogspot.com)
Preguntamos a Jesús Anson, coronel del Ejército de Tierra por el personaje: «Al Gran Capitán –nos confiesa– se le ha comparado con Alejandro Magno o con Escipión el Africano por la importancia de las campañas militares que desarrolló». Señala que «hablamos, sin duda, del que fue el primer jefe de una fuerza expedicionaria española. Hasta entonces no estaba España constituida, y fue la primera vez que una fuerza nacional, por mandato de los Reyes Católicos, salía fuera de España con un propósito concreto: recuperar el Reino de Nápoles». 

Es verdad que el Gran Capitán ha tenido una reivindicación reciente para el gran público gracias a la serie «Isabel», en la que era interpretado por Sergio Peris Mencheta. Pero para hacerle justicia, insiste el coronel Anson, sería necesario subrayar que él acabó con las reglas del combate medieval, innovando en Nápoles. «Supo acabar con el poderío de la caballería pesada. A una parte de la infantería la dotó de picas para detener a la caballería pesada. Hizo determinante del uso del arcabuz, que por entonces no tenía mucha cadencia de fuego, pero sí penetraba en las corazas mejor que la ballesta.» Organizó las unidades en cuadros más pequeños y fáciles de maniobrar, idea que daría paso a los tercios, el ejército que hizo posible el imperio. 

EL NACIMIENTO DE UN MITO
Hay innumerables publicaciones extranjeras que se imprimieron sobre el Gran Capitán. «Inglesas, francesas y sobre todo italianas, porque en Italia fue una figura legendaria, el primer caballero del Renacimento, un modelo que parte de las biografías que hicieron historiadores como el caballero florentino Francesco Guicciardini», recuerda Anson. 
La mayoría de sus soldados procede de Castilla, pero las tropas se enriquecen con soldados de toda España. Hay asturianos y gallegos (2.000) y un importante contingente de vizcaínos (como se llamaba a los vascos), capitanes legendarios como Juan de Lezcano o Pedro Navarro.

CARTAS TODAVÍA SIN DESCIFRAR
Carta del Gran Capitán
al Rey Fernando
(http://www.efe.com)
A pesar de tener las cartas, no todas se pueden leer. Entre ellas hay un conjunto de misivas cifradas porque trataban de asuntos secretos de la guerra de Nápoles y de los esfuerzos diplomáticos que permitieron la división del reino entre Francia y España. El Rey Católico dirigía personalmente la estrategia. Y enviaba órdenes precisas a Gonzálo Fernández de Córdoba con el fin de que sus instrucciones fueran seguidas fielmente. 
Sorprende en grado de sofisticación que tiene el cifrado, destinado a guardar bien los secretos militares y diplomáticos. Tan bien guardados están que la cifra empleada no ha podido ser aún traducida. Es decir, aquellos secretos lo siguen siendo, en su mayor parte. En un mundo violento, de espías, caminos traicioneros y campos batallas, y teniendo en cuenta lo que los mensajeros tardaban en recorrer aquellas distancias enormes, resulta lógico que los reyes avivasen el ingenio para salvar las comunicaciones.